EL COMERCIO JUSTO: IMPORTANCIA, OPORTUNIDADES Y RETOS

Hay varias definiciones sobre el Comercio Justo que no estimo necesario transcribirlas, pero si destacar que es un sistema comercial solidario y alternativo con componentes sociales y ambientales que brinda acceso al mercado a productores que no lo han tenido; asegura derechos laborales; promueve la transparencia y equidad al comercio; crea mayor conciencia y justicia; es un movimiento internacional.


La Organización Mundial del Comercio Justo estableció sus objetivos: oportunidades para productores desfavorecidos; transparencia y responsabilidad; prácticas comerciales y pagos justos; prohibición del trabajo infantil; libertad de género y de asociación; mejores condiciones de trabajo; desarrollo de capacidades; promoción del comercio justo y respeto al medio ambiente.


Son diáfanas estas claras definiciones, que por cierto deben ser cumplidas, pero estimo necesario emitir algunos comentarios sobre la vigente importancia que tiene este proceso, a la luz de los enunciados anteriores, enfatizando sus reales ventajas y necesaria aplicación por las plausibles connotaciones humanas, sociales, económicas que tiene y, por tanto, su inserción cada vez más decisiva en los procesos internos y externos en la nueva dinámica de la globalización y del ensamblaje de buenas prácticas en el comercio.


Toda actividad debe tener un trasfondo humano y en ese marco converger hacia tangibles beneficios, especialmente de los menos favorecidos. Con esta premisa conceptualizada, el Comercio Justo brinda oportunidad a ese segmento, creando un espacio de igualdad a favor de los pequeños o medianos productores y también empresas familiares en asociaciones o cooperativas. Es decir, amplía el espectro para estos nuevos actores en el escenario del comercio.


La transparencia que brinda el Comercio Justo, esclarece más la nitidez comercial y fortalece la confianza, en consecuencia, abre nuevas ventanas en las cadenas de producción y suministro, ampliando la gestión participativa en la toma de decisiones, lo que deriva en una mayor ética laboral.


Esto incentiva a su vez, prácticas comerciales más justas que fomentan la horizontalidad en la relación, propiciando un adecuado equilibrio entre bienestar social, comercial y medioambiental. Así concebida, la producción se convierte en una matriz con rostro humano y no exclusivamente en la visión del exponente económico.


Otra ventaja del Comercio Justo es que desecha la competencia desleal y protege producciones con sello de individualidad. Esto es fundamental, entre otras, en las elaboraciones artesanales o en los sombreros hechos a mano como las ecuatorianas, que demandan una gran dosis de habilidad y tradición.

Deseo enfatizar, que cuando hablamos de esa clase de productos que son una genuina expresión de la pluriculturalidad, el mayor componente de valor agregado que tienen es su elaboración manual, con diseños de ingenio propios, cuyos estampados son de un arco iris de colores, adhieren matices autóctonos y, particularmente, una paciente y meticulosa dedicación que adquiere su confección.


El Comercio Justo ha potenciado y promocionado este género de elaboraciones reconociendo la identidad pluricultural y permitiendo engrosarlas en la lista de exportaciones.


La equidad de género y la no discriminación son principios verticales del Comercio Justo que equilibran el escenario laboral, además de que se asegura la ausencia de trabajo infantil o forzado lo cual produce un alto grado de confiabilidad. Induce el precio justo, favorece la asociación sindical, promociona adecuadas condiciones de trabajo y vela por el cumplimiento de las normativas y reglamentaciones, tanto nacionales como internacionales.


Facilitar el desarrollo de capacidades y habilidades es un aspecto fundamental del Comercio Justo pues profundiza la promoción del talento humano y la visión de brindar la debida oportunidad.


El respeto por el medio ambiente que promueve el Comercio Justo, hay que insertarlo en el marco del desarrollo sostenible dentro de una concepción integral y de amplia dimensión. Sin descuidar esa dualidad importante que concibe las necesidades actuales y de las futuras generaciones sin comprometer los recursos.


El Comercio Justo que cada vez tiene más aceptación, constituye un adecuado soporte humano y técnico; ha promovido el género, el respeto y observancia de políticas humanas, medioambientales y de consumo, por tanto, la calidad no solo del producto, sino la personal, conceptual, de elaboración y productiva. No solo brinda un precio justo, sino que dignifica a la persona, etiquetando un sello humano al producto.


Desde el punto de vista comercial, el Comercio Justo ha propiciado asimismo, un equilibrio de precios y fomentado nuevos productos no tradicionales, especialmente en la cadena de los pequeños, medianos y hasta productores familiares. Esto les ha permito tener más vigor, presencia y empoderamiento, creando por otro lado, otras alternativas para los consumidores.


También ha facilitado la creación de asociaciones, generando mayor solidaridad productiva y una materia prima garantizada que ha creado más conciencia en el consumidor. Es decir, toda una ética al comercio.


En la esfera social, ha promovido salarios más equitativos, así como legitimas prioridades, con un enfoque multidimensional que ha propiciado una convergente sensibilización entre los sectores público y privado, creando una mayor conciencia de expresión en la economía social.


A nivel internacional, el Comercio Justo se ha ido posicionando y consolidando, existen asociaciones en casi todos los continentes que mantienen interrelación, por lo tanto, ha unido culturas, idiomas y personas, creando puentes de comunicación y entendimiento entre nuestros pueblos y países.


El análisis anterior induce a afirmar que el Comercio Justo ha generado una transformación de la realidad económica social, promoviendo esquemas más justos, con una positiva incidencia en las políticas públicas y en las decisiones privadas, sensibilizando y movilizando el accionar de la sociedad en general, lo que ha dado como resultado, un fortalecimiento del sector comercial.


En este escenario, en varios países especialmente de América Latina, se ha desarrollado una verdadera sinergia entre productores privados e instituciones públicas, como un necesario engranaje para atender los nuevos desafíos de la globalización.

Es un reto seguir ampliando la aplicación de las bondades que ofrece el Comercio Justo, por lo que se hace imperioso fortalecer y ensamblar su accionar hacia zonas periféricas y rurales que demandan mucha atención, a fin de que sus esquemas se vayan insertando gradualmente en las propuestas, planes y programas regionales y adquieran, de esta manera, una fortalecida incidencia.


Sería además adecuado, propiciar la formación de líderes que se conviertan en promotores del Comercio Justo, fomentar la creación de mayores organizaciones de pequeños y medianos productores y procurar que se amplíe su participación en la construcción de políticas públicas para que se conviertan también en protagonistas de relevantes procesos económicos y sociales.


En ese entorno, sería deseable que exista una mayor representatividad en las instancias nacionales y locales.


En cuanto a comercialización, procurar una mayor variedad de productos y mantener su permanencia en los mercados internos hacia una proyección de mayor comercialización internacional. Ampliar la difusión informativa para generar mayor interés por parte de la sociedad, con una adecuada conexión con la soberanía alimentaria.


El Comercio Justo ha despertado una mayor alerta internacional, es así como varios organismos y organizaciones internacionales han visualizado las ventajas del Comercio Justo, como una muy adecuada herramienta para el desarrollo sostenible y como un ensamblaje para construir alianzas entre lo público y privado que optimicen la efectividad de las políticas de bienestar social en nuestros países.

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